Radiohead es sin duda uno de los grupos que más ha renovado
las estructuras del rock actual. Ya desde su primer
disco ("Pablo Honey", 1993) mostraban un estilo
propio e inimitable. Conscientes de ello, Radiohead inyectaron
otra dosis de su fórmula mágica en su segundo
LP, "The Bends" (1995), que consolidaba su estilo:
canciones como "Fake Plastic Trees", muy cuidadas
y melódicas que acariciaban la voz de Thom Yorke,
sin duda seña de identidad del grupo, entrelazadas
con otras más duras como "Just" en las
que asomaban influencias de algunas bandas más
guitarreras.
Pero
es con "OK Computer" (1997) cuando Radiohead
se consagra como un pilar básico e influyente del
rock alternativo reciente. Es un disco que rompió
los moldes hasta entonces conocidos para crear otros nuevos,
en los que posteriormente se moverían bandas como
Coldplay, Muse o Travis. Las melodías casi extraterrestres,
los cuidadísimos arreglos, las electrizantes distorsiones
de guitarra y la sólida base rítmica daban
una forma que parecía definitiva en Radiohead.
Nada
más lejos de la realidad, ya que en sus dos discos
posteriores se explotó mucho más la electrónica
para dar cabida a los delirios musicales de Thom Yorke
y sus compinches. "Kid A" (2000) y "Amnesiac"
(2001) demostraron a aquellos que dudaban de la riqueza
creativa de Radiohead que estaban muy, pero que muy equivocados.
Ese temor a experimentar que vemos aparecer en muchas
bandas encumbradas parece ser una enfermedad de la que
Radiohead están vacunados.
Su
último trabajo, "Hail to the Thief" (2003),
es la pieza que hace comprensible el rompecabezas musical
de Radiohead. Los tres grandes pilares de su música
(melodías extraterrestres, base rockera y apoyos
electrónicos) se conjugan a la perfección
en 14 canciones sin desperdicio, entre las que destacan
"2+2=5", "Go to Sleep" y "Scatterbrain"
como grandes joyas del rock de nuestros días.